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Sexta República en marcha: el renacer de Venezuela en la geopolítica global

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El discurso oficial pronunciado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez en la 81.ª Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se vislumbra con absoluta claridad la consolidación y profundización de lo que los sectores académicos e institucionales identifican teóricamente como el nacimiento y fortalecimiento de una Sexta República venezolana.

Este proceso histórico no surge de una ruptura constituyente clásica o de una insurrección fundacional de carácter abrupto como la vivida a finales del siglo XX, sino que se manifiesta como una profunda mutación de Estado inducida por una crisis sistémica múltiple.

Dicha mutación obligó al centro del poder político a una reconfiguración pragmática impuesta tanto por los acontecimientos extraordinarios del 3 enero de 2026 como por el impacto devastador del doble terremoto del 24 de junio de ese mismo año.


En primer lugar, es fundamental comprender que el tránsito hacia esta nueva fase institucional no se da en el vacío, sino como una respuesta directa a una década de tensiones extremas, medidas coercitivas unilaterales, aislamiento financiero y un bloqueo económico que dio al traste con el modelo de desarrollo de inclusión e igualdad característico de la etapa precedente.

Los anteriores artículos de opinión subrayan que una nueva república no nace únicamente por un cambio formal de liderazgo o por la simple ocurrencia de hechos fortuitos; nace estrictamente cuando se redefine con madurez el pacto social, se consolida la institucionalidad democrática, se destierra el sectarismo partidista y se logra un equilibrio real entre la defensa de la soberanía y un pragmatismo internacional funcional que traduzca el crecimiento económico en bienestar colectivo.

El discurso de Delcy Rodríguez en la tribuna de la ONU opera precisamente como la traducción diplomática y programática de esta exigencia interna. Al reconocer sin ambigüedades el agotamiento del modelo anterior y el impacto del «estrangulamiento de la política interna», la mandataria encargada institucionaliza la necesidad urgente de superar la política de «trincheras» para transitar hacia un «nuevo tiempo político» basado en la reconciliación nacional, la verdad y la justicia.

En segundo lugar, este proceso de fortalecimiento de la Sexta República descansa sobre un pilar geopolítico y económico de indudable trascendencia: el abandono del aislamiento dogmático y la adopción de un realineamiento estratégico con las grandes potencias occidentales, encabezadas por los EEUU.

El reconocimiento público y explícito del recién firmado acuerdo binacional en materia energética y de seguridad, acompañado de un agradecimiento directo a la administración del presidente Donald Trump por retomar las vías diplomáticas, marca un punto de inflexión incuestionable frente al antiimperialismo retórico y polarizador de los primeros años de la Quinta República.

Este giro pragmático no constituye una claudicación de los principios fundamentales de la nación, sino la comprensión material de que la estabilidad macroeconómica, el levantamiento de las restricciones financieras internacionales y la reactivación de la industria petrolera nacional exigen un relacionamiento bilateral maduro y desideologizado.

Al posicionar a Venezuela como un actor indispensable en la resolución del trilema energético global, el Estado venezolano reinserta su soberanía en el tablero internacional bajo premisas de estabilidad y cooperación mutua, blindando su economía frente a los descalabros del pasado.

Finalmente, en el plano estrictamente doméstico e institucional, la arquitectura de esta Sexta República se canaliza conceptualmente bajo los términos de «Renacer de Venezuela» y «democracia plena».

Lejos de apelar a una ruptura revolucionaria caótica, la transición actual se conduce con firmeza desde las propias estructuras del Estado mediante una «reforma jurídica ordenada» y una «apertura política plena» que garantice la participación real de todas las fuerzas del país de cara a los próximos procesos electorales.

La exigencia de abandonar la intolerancia, erradicar el secuestro de la política por los algoritmos mediáticos y devolver la meritocracia a la administración pública y a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana refleja la urgencia de construir un pacto republicano plural, donde el adversario político no sea visto como un enemigo existencial a destruir, sino como un co-constructor de la patria.

Venezuela camina de manera irreversible hacia la consolidación de un nuevo orden institucional que busca sanar las heridas del pasado, superar el dolor de las catástrofes recientes y edificar, desde los escombros de la confrontación, una república próspera, soberana y reconciliada con su propio destino histórico, la Sexta República


Dr. José Alfredo Ureña
Prof. Titular de la UNERG
alfredoure1961@gmail.com

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