
En las horas más oscuras, cuando la tierra tembló y el dolor sacudió los hogares de La Guaira, Aragua, Caracas, Miranda , Falcón y Carabobo, emergió el milagro más grande de nuestra gente: la humanidad implacable.
Ante la devastación de los sismos del pasado 24 de junio, Venezuela no se rindió; por el contrario, se levantó con la fuerza de millones de corazones decididos a salvar vidas transformando el dolor en luz.
Con el alma llena de esperanza Venezuela resurge con fuerza gracias a cada persona noble que ha hecho posible este despliegue de amor en cada centro de acopio del país, a los miles de voluntarios que no han descansado, clasificando insumos y regalando una sonrisa de aliento; a los cuerpos de rescatistas nacionales e internacionales que desafían el peligro en el terreno; a las organizaciones humanitarias, movimientos sociales, agrupaciones civiles e instituciones públicas y privadas que activaron de inmediato su músculo solidario: su entrega es el faro que ilumina este momento de dificultad.
Cada mano extendida, cada caja de suministros y cada oración representan un puente hacia la reconstrucción y el consuelo.
Elevamos una plegaria sincera para que nuestro Dios eterno sople paz, fortaleza y el consuelo necesario en los corazones de todas aquellas familias que hoy lloran la pérdida de sus seres queridos. No están solos; su dolor es el nuestro, y su luto lo cobijamos con respeto y profundo amor.
Hoy, la distancia entre nuestras ciudades se acorta gracias a la compasión, este golpe de la naturaleza nos recuerda nuestra fragilidad, pero la respuesta de nuestro pueblo demuestra nuestra verdadera fortaleza: la unión. Más allá de cualquier diferencia, somos una sola familia unida por el mismo suelo y el mismo abrazo fraterno.
En cada centro de acopio, en cada rescate y en cada donación, demostramos que la solidaridad es el lenguaje universal que sana las heridas.
Sigamos adelante, hombro a hombro, levantando la esperanza y reconstruyendo el mañana ¡Fuerza, Venezuela!
Adrián Matute
San Juan de los Morros