
Él se molestó y no es importante la razón, ella le contestó y lo empeoró, no es un debate y mucho menos comunicación, es perder el tiempo precisamente en el área dónde deberíamos disparar con lucidez política.
Si en algo se prepararon los persas contra Estados Unidos fue en el área comunicacional, las animaciones contra Trump en forma de lego le dieron en la madre a la industria cultural gringa, simplificaron semánticamente las verdaderas razones de la guerra.
Deberíamos redimensionar Conatel por ejemplo para democratizar el servicio audiovisual, formar y confiar en los movimientos sociales para visibilizar lo que a diario hacen en espacios políticos, debatir la gravedad de la amenaza imperial y sus ideas de cómo resistir.
Los influencers, con o sin falda, seguidos por millones de perezosos y anónimos virtuales, perdieron su capacidad de comunicar, no por egocentrismo, sino porque no hacen presencia en el territorio y en nada contribuyen para visibilizar lo que hacen los movimientos en el territorio.
Trump acaba de decir que pagó su guerra con petróleo robado de Venezuela, ¿por qué no hay un contenido audiovisual con el debate de los trabajadores de PDVSA sobre el tema?
No un debate adulador y empalagoso al jefecito que jamás habla ni convive con los trabajadores, sino un análisis histórico de lo que ha sido la lucha por defender la industria, el modelo gerencial que facilitó tantas traiciones y claridad de conceptos políticos que le aclaren la maldita idea a los alienados de que Trump les traerá inversiones y les incrementará el sueldo. Ella y él pueden ayudar con sus vitrinas si entienden el problema comunicacional.
Autor: David Medina







